El jardín de las vanidades

Las cordiales invitaciones que se hacen con amigos, familia, conocidos, compañeros de oficina siempre requieren de disposición, cordialidad, y cooperación. Los temas de los cuales se conversa son siempre por grupos que se identifican, pequeños sectores que tienen cosas en común y les gusta machacar de lo que son o se creen expertos.

Tal como si fueran pasarela de estilos diferentes de ropa, bolsas, zapatos o sandalias, lentes, y demás accesorios, aunque pareciera mentira, también lo que ha de relucir son los egos, los expertos en esto, o en aquello hacen su aparición haciendo gala de sus frases, de lo que han hecho de lo que saben que le puede funcionar a otros, y de lo que otros hacen mal.

Los ambientes se tornan cargados de energía que choca, y en muchos casos destructiva, has de recordar que cuando una mujer canta y con su timbre de voz rompe una copa es energía destructiva, satura, rompe, a pesar de que muchos digan que es algo bueno, interesante, o maravilloso; me atrevería a decir que lo mismo sucede en este tipo de reuniones, la energía termina por romperse, creando ambientes de tensión, que el cuerpo lo siente.

El ser humano en este tipo de reuniones termina por demostrar sus carencias, actitudes como llamar la atención, querer tener el control, no validar la opinión de las demás personas, corregir en todo momento, dar muestra de soberbia, crean ambientes con emociones y energías encontradas, si bien es cierto que todos podemos tener la razón, ya que la realidad es diferente para todos, no hay necesidad de dejar salir el Ego, y dejar de crear una sana convivencia, constructiva, y no descalificadora en este tipo de lugares. Palabras de altanería y grandeza utilizadas que opacan a otros, solo habla de la falta de humildad, el propósito de su mente, es hacer sentir incómodos a los demás, echar por la borda las opiniones de los demás, marca un referente de una persona desagradable, así como corregir y llamar la atención con actitudes poco educadas pasando por encima del respeto que se debe tener a las personas, aún cuando sean de diferentes edades.

La falta de valores, y sobre todo de consciencia, evitan que se confunda arrogancia y autoestima, pero es mas importante conocer y saber que podemos brillar con nuestras capacidades, con nuestra luz interior, dejar de brillar por lo material, que envanece y pierde el sentido de vida que pueda tener una persona, demostrando lo vacío que existe en su interior.

Dialogo, comunicación, e inteligencia hace de una reunión la alquimia perfecta para generar empatia, conocer un poco más de los demás, contribuir con ellos, generar un campo de energía que fluye y nos aporta, dejando atrás esa parte de juicio, crítica, control, razón, ego, que forman parte de las máscaras con las que se sale a la calle todos los días.

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