Y donde quedó todo….

Hacer un escaneo en la vida, o pasar nuestra vida por una maquina de rayos X, nos va a encaminar por una ruta llena de sorpresas unas gratas y otras no tanto, quizás durante el tiempo que llevamos en confinamiento ha servido para comprender el peso que llevamos de lo que no nos pertenece, ocultando, tras un tipo de vida que no es la nuestra, observar que la radiografía arrojada es un real reflejo de lo que llevamos en el interior, huecos, grandes hoyos negros llamados vacíos.

Espejismos que brillan de diálogos internos que tenemos con nosotros mismos creyendo cuentos que no son, que no existen, falsas realidades que impiden conocernos tal cual somos, personas llenas de carencias, y que hoy durante la pandemia, emergen como emociones nuevas, tristezas, miedos, ansiedades, culpa, juicio y malestar por la gran desconexión que tenemos con nosotros mismos, por falta de un honesto y amoroso auto-encuentro con el ser que soy, que hay que hacerlo crecer, madurar, aceptar, reconocer; simplemente ser quien eres…

Lo que me susurra al oído…

Todo lo que nos llega a través de un móvil, es como un nutriente para nuestra mente, pensamientos y emociones, sin darnos cuenta de que podemos estar llenando de basura nuestro ser. Cada una de las redes sociales, es también un nutriente para nuestro bienestar, ¿Qué elijo leer y escuchar? ¿A quién elijo tener en mis contactos? ¿Cuántos amigos tengo que realmente conozco? ¿Cuántos son verdaderos desconocidos que solo llenan uno más de los vacíos: el Tener mas número de contactos, seguidores, con el afán de crear nuevas estrategias para lo que hago en la vida. Todo esto se extiende a nuestros hijos, no solo los adultos tenemos quien nos susurre y nos nutra, también ellos, están conectados a los móviles, a la lap, o al PC, en una época donde el despertar de la consciencia es el boom; pero que lejos de todo ello volvemos a subirnos en un barco donde alguien lleva el timón de nuestra vida… LAS REDES SOCIALES, convirtiéndonos en personas programadas incapaces de discernir lo que voy a consumir de ellas, el menú es tentador y basto, saciando un morbo durante las horas de vigilia que paso en el día y gran parte de la noche.

Reconociendo mi aridez….

Decía el Padre Larrañaga que la aridez es como la noche oscura, donde sentimos la soledad, el frío que cala los huesos, nos sentimos abandonados, y eso es precisamente lo que ha traído la pandemia, en paso de el umbral entre la luz del espejismo a la oscuridad de mi aridez, de lo que realmente soy. ¿Quién soy sin tanta bolsa, zapato, ropa de marca, en el confort o incomodidad de la vida en casa? ¿Quién soy sin la vida en el gimnasio y el desayuno con las amigas? ¿Quién soy cuando ya no voy a dejar a los hijos a la escuela y ahora opero como la maestra para algo a lo que no estoy preparada/o y me siento incapaz? ¿Cómo me siento cuando experimento la frustración de no lograr que los hijos obedezcan? ¿Qué siento cuando Yo o Él hemos perdido el empleo y comienza la desesperación por pagar tarjetas, y no hay para comer? ¿Qué emociones me invaden cuando al finalizar el día me siento culpable por haber regañado al hijo, dado un golpe, o aplicar un castigo por mi falta de paciencia? ¿Cómo enfrento la desesperación de una pérdida, por trabajo, por un ser querido, por un hijo, por un miembro de mi cuerpo, por la salud? ¿Cómo se vive el duelo a solas, acompañada, que dirán? Y si nos detenemos por un instante y nos sentamos a reconocer la incomodidad que viene con todo este desajuste y ruptura de la vida así como el cambio a la nueva forma, la nueva ruta que ha tomado nuestra vida?

Integrando a los procesos…

Hace tiempo que leía en un libro a cerca de aprender de nuestros maestros, y eso hablaba de los maestros internos y externos. Cuando vivimos en la comodidad y el confort, todo lo tenemos, pero….. algo nos falta, y ese algo comienza a llenarse por cosas materiales que terminan siendo una carga. Así como nos acostumbramos a la comodidad con rapidez, podemos acostumbrarnos a la incomodidad?; eso requiere de un entrenamiento mental. Hacer un alto para reconectar, cablear de forma diferente el cerebro para sentir los beneficios de la neuroplasticidad del cerebro que se refleja en nuestro cuerpo influyendo de forma positiva en la percepción de la realidad creando un ambiente de bienestar. Grandes son los maestros Budistas que mediante su trabajo en las diferentes meditaciones han logrado sentir comodidad dentro de la incomodidad, gozo, empatia, compasión todo está en la mente. La vida nos pone en situaciones incómodas en las que cada uno puede elegir sentirse bien o mal. Esto forma parte de nuestro crecimiento personal, …..”aceptar a nuestros maestros Zen, tu evolución hacia la fortaleza y plenitud requiere que no le des la espalda cuando aparezcan en el camino…” R.S. La frustración e incomodidad puede llevarte al aislamiento, y se trata de integrar, conectar, reconocer emociones y todo lo que emerge de ese interior, es eso oscuro que ves en la radiografía de la vida. No se trata de conectar el exterior para evadir, se trata de conectar el interior para resurgir y re-nacer en un auto-encuentro amoroso, compasivo, benevolente, y poner luz en esa oscuridad incomoda para sentir realmente lo que siento. (y lo he dicho bien), aprendamos a sentir.

Mi comunicación, con mi autenticidad.

Lograr nuestro equilibrio solo requiere tener comunicación, crear un dialogo interno honesto, reconocer cada cualidad, logro, y también carencias, oscuridades, debilidades, y ser capaz de atravesar ese umbral. La conexión con la somática del cuerpo nos permite conocer cuando la incomodidad, el juicio y la culpa se hacen presentes, o cualquier otra emoción, Aprendamos que nuestro cuerpo no miente es el mejor indicador de que algo no anda bien, de que algo me molesta, poner atención en la intensidad de la emoción para regularla, no controlarla, la emoción no se puede ocultar, y todo lo que ha surgido durante este tiempo de confinamiento habla de lo que emerge de nuestro interior, de quien somos, de nuestra esencia, dejemos de ver el reflejo de la capa superficial con la que hemos cubierto nuestro SER.

Hasta Pronto!!!

Gaby Olivera Gabydeas by Gaby Olivera®

2 comentarios en “Y donde quedó todo….”

  1. Tienes mucha razón, esta pandemia nos ha dado la oportunidad de conocer cosas que no habíamos experimentado, y también el cambiar hábitos, a mi me ayudo mucho y ahora se cosas que no habia hecho antes, resurgir y corregir.

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