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Pilar de nuestra Arqueología Interna: la COMPASIÓN

Acompañar con pasión, eso es la Compasión, es algo más allá que la empatía, dado que la compasión nos mueve, motiva a ser condescendientes, usar la amabilidad y sentir lo que el otro siente, pudiendo hacer algo más por esa persona.

Solo que en este camino de la compasión nosotros hemos olvidado dos puntos importantes, el primero es Recibir la compasión de los demás, y Dar y Recibir la compasión a uno mismo. Efectivamente, sonará un poco raro, pero es una triste verdad, podemos ser compasivos con otros; aunque no con nosotros mismo. Han existido muchos proceso evolutivos en el ser humano, tanto positivos como negativos; sin embargo, todo nace a partir de nuestra historia, y la historia social.

Educación, cultura, contexto, familia, todo pertenece a algo enraizado, nuestras creencias, muchas de nuestras decisiones y formas de vida no la hemos decidido nosotros, sino programas introyectados en el cerebro que nos han condicionada a la hora de dar respuestas y tomar acción en nuestra vida.

Usar la mente observadora para contemplar que pocas veces en nuestra historia de vida hemos sido compasivos con nosotros mismos, aceptar y no evitar lo que hemos hecho con nosotros, reconocer que el diálogo interno es una gran cascada de pensamientos, palabras, y emociones que nos provocan sufrimiento, por activar al Genio de la lampara, convirtiéndolo en el mayor Juez, crítico, con poder no solo destructivo sino para anularnos a nosotros mismos, sintiéndonos poco merecedores de lo que damos a los demás.

Que importante es darnos cuenta, del papel que juegan los pensamientos, son los invitados inesperados, molestos, que incomodan y se manifiestan en nuestro cuerpo con esa rara sensación, malestar, e incluso surgen como dolor de cabeza, estómago, rodillas, tobillos, dolor de espalda provocando sufrimiento; lo que no hemos aprendido es a dejarlos ir, escuchamos con frecuencia, “contrólate”, cuando la emoción no se controla, se regula, como detener algo que surge de repente, ya sea por haberte pegado en el pie pequeño, o el niño tiró la leche, o te enfrascaste en el tráfico, sintiendo estrés.

La opción es observar esos pensamientos negativos, recurrentes y dejarles pasar, trayendo a la mente pensamientos positivos, de confianza, ecuanimidad, como un acto de auto-cuidado y compasión a uno mismo. Es crear una relación diferente con ellos, es desarrollar y redirigir el pensamiento, trayendo a la mente a casa, a la calma que habita en nuestro interior. Cómo lograrlo? mediante la meditación, como una forma del bienestar, para crear con la respiración un puente entre la mente-cuerpo-espíritu. Abrazarnos con la sensibilidad de la compasión como un acto de amor, y de alguna manera aliviar, vacunarnos de tanto sufrimiento que nosotros nos venimos causando. El reflejo del espejo, podrá darnos la pauta de la honestidad, amor con la que nos hemos tratado, el lugar que ocupamos en nuestra propia vida, así como la aceptación del mi mismo, el trabajo interno y externo que venimos realizando durante todo este tiempo.

Y Tú que tan compasivo eres contigo? Te respondes con prontitud como lo haces con un ser querido o un amigo? Qué tan buena es la relación contigo mismo?

Hasta Pronto!!

Gaby Olivera

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